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  • ginavela

Mi encuentro más reciente con el poder del ho’oponopono Llave mágica para tu beneficio

Actualizado: oct 23

Vivo hace más de 10 años en una pequeña ecoaldea en la amazonía peruana. Mi hogar, una gran cabaña de madera con techo de crisneja, sin divisiones y piso levantado (“para evitar víboras y humedad” aunque ambas son inevitables) siempre ha sido punto de encuentro para los amigos, vecinos, familia, e incluso, además, un lugar cálido para completos desconocidos. Tiene al centro un árbol de moena que el viento derrumbó en la chacra de mi gran amigo Gorka y que con su ayuda se convirtió en escalera y corazón de mi hogar.



¡Y qué curioso!, haciendo un viaje en el tiempo, recuerdo en Mayo del 2006 como conocí a Julio, mi actual esposo, en Andalucía, España. Yo buscaba un lugar donde quedarme por una temporada para realizar un video-documental sobre las Fresas. Él vivía en una casa frente al mar de Mazagón y alquilaba habitaciones de su casa para compartir gastos. El primer día que lo ví, supe en seguida, que era el hombre para mí, aunque suene cliché, es la pura verdad. Luego de algunos meses de gozoso enamoramiento, recuerdo claramente, cuando le dije: ¿por qué no nos vamos a algún pueblito lejano en Perú y ahí críamos a nuestros futuros hijos en una comunidad pérdida? Recuerdo también su cara confusa por mi atrevida propuesta ante nuestro corto enamoramiento y luego, ambos nerviosos, estallamos en risas para evitar respuestas. 3 años más tarde, me di cuenta que esa pregunta indiscreta y ocurrente había sido el inicio de una maravillosa intención basada en el amor que dio semilla a la vida que logramos crear juntos.


Yo elijo mi realidad.
Estamos creando todo el tiempo y para que algo se crea tiene que haber un observador. 
Tu creas lo que crees, si mantienes la vibra alta puedes crear el mejor futuro potencial para ti. 
Todo es energía, todo es vibración. Teoría de la física cuántica.


Siempre he sentido que poseo un gran secreto mágico, sé cómo obtener lo que anhelo y he tenido la suerte de siempre estar muy protegida. Soy la más pequeña de mi familia y a pesar de los altos y bajos familiares, siempre he estado agradecida por la alta frecuencia en la que se ha mantenido el transcurso de mi vida. Aunque también, siempre notaba que cuando bajaba mi vibración por cualquier situación “externa” todo podía cambiar. Y digo “externa” entre comillas porque también he estado en posición de víctima por momentos en mi vida, y no fue hasta hace un tiempo que asumí que todo lo que pasa afuera es una proyección de nosotros mismos.


Cuando descubrimos quiénes somos y el poder que tenemos, entendemos que no hay que temer. Todos estamos cuidados, cada uno de nosotros está protegido, sólo permite que sucede y dale paso a la divinidad.

Mi casa, dentro de la ecoaldea, ese súper rincón de encuentro que creamos y disfrutamos tanto, dio un gran giro en esta cuarentena, un giro que al inicio, por ser tan notorio, era hasta extraño estar en casa sin que llegase alguien de pronto. Reaprendí a estar conmigo misma en plenitud, sin depender de nada externo, lo cual me permitió continuar en profundidad con mi fase de auto-descubrimiento y simplificar mi día aún más, basando mi vida en los quehaceres del hogar, enseñarle a mis hijas las tareas del colegio y por la tarde dedicándomelo a mí. Encontré grandeza en la simpleza, compré una aspiradora y por supuesto entendí que profesora de primaria en casa ¡no quería volver a ser!



Así transcurrió la cuarentena con mucha presencia, asumiendo nuevos retos de transformación, manteniendo al máximo la buena vibra, integrando mis sombras con días intensos, algunos de cansancio y otros de re-aprender del otro, intentando con paciencia, disfrutar de la nueva rutina de vida y trabajo en familia todos muy juntos en el hogar.


Sin embargo, esta tranquilidad cambió, recibí la llamada de mi hermana que me decía que mamá había tenido problemas para hablar, de pronto, y este fue el inicio de entender cómo todo puede cambiar de blanco a negro en un instante.

Era momento de volver a la casa de mis padres y retornar a mi familia nuclear. Sin embargo, estábamos en plena cuarentena y ningún aeropuerto cercano estaba abierto. Tenía que afrontar la nueva realidad de salud de mi madre, el dejar a mis pequeñas con papá, dejar mi pequeño paraíso terrenal, situación que me abrumaba y dividía.


Esperé un poco para ver qué solución me brindaba el universo en su momento correcto y perfecto. Intenté confiar intuitivamente. Lo defino así, con la palabra “intenté”, porque hasta ahí, no tenía la consciencia tan clara de esa "confianza" sólo lo intuía. Tenía mucho miedo de partir en un taxi que me lleve desde la selva, atravesar ríos y montañas, hasta mi ciudad natal (aproximadamente 30 horas sin parar). Tenía mucho miedo de salir de mi tranquilidad y llegar a enfrentar todo lo que la salud de mi madre traía consigo.

Hasta que el viaje se hizo inminente, su estado iba cambiando y yo tuve que visionar del mejor modo, sí o sí, la forma de llegar.


Mi hermana mayor llevaba un tiempo mencionándome al ho´oponopono cada vez que hablaba con ella y al escucharla, la parte izquierda de mi cerebro pensaba, ¿cómo puede mi hermana hablarme de tranquilidad y de ho´oponopono, repetir estas palabritas y sentir que ya estaba todo encaminado? Obvio no puede ser tan fácil. Y al mismo tiempo mi estrés, pena, dudas e incógnitas se hacían mayores.


No era la primera vez que escuchaba de esta técnica hawaiana. Recuerdo que la primera vez que supe de ella, me lo comentó mi terapeuta hace algunos años. Yo estaba pasando por una buena crisis matrimonial, de esas que te llevan a entender cuando es momento de dejar todo esos programas mentales antiguos atrás y volverte a reconstruir. Nunca llegué a profundizar sobre esto, solo repetí, por su sugerencia: Te amo, Lo siento, Por favor Perdóname y Gracias. Lo intenté hacer por algunos días, y luego lo olvidé. Se quedó en ese recuerdo. En ese momento necesitaba madurar mi crisis con tiempo y con amor.


Sin embargo, ésta vez, era diferente. Literalmente nunca he pasado por una dificultad de salud que afecte mi vida de tal forma. Necesitaba todas las herramientas posibles para poder llegar a mi casa nuclear y enfrentar todo este momento.


Así que me metí de lleno y comencé a repetir sin parar por toda la noche y el día siguiente:

"Lo siento, perdóname, te amo, gracias!

Esta vez conociendo el valor real de las palabras, su significado y la intención que hay detrás de estas. A mi mente, venían tantos pensamientos sobre mi familia, al mismo tiempo que repetía estas palabras, aún confundida y con las emociones de cabeza, lo único que sabía era que necesitaba estar al lado de mamá, ¡necesitaba un tele-transportador!


Suelto y Confío

Hice algunas llamadas para saber si por casualidad había algún vuelo comercial desde algún aeropuerto cercano, y fue en vano, no existían. Me comentaron de pronto, que había un vuelo privado programado para el día siguiente pero cuando averigüé bien, me dijeron que lo postergaron porque necesitaban llenar el avión y aún no lo conseguían. Luego, mi vecino, me dijo que él también quería ir a Lima y que podíamos hacer el viaje por tierra juntos, así nos acompañaríamos. Sentí de pronto, que mi horizonte se abría poco a poco. Podía ser una solución, no quería hacer este viaje sola por tierra. Esa noche, dormí y solté. Al día siguiente, le comenté a Julio, mi esposo, esta probabilidad, y en ese momento, como por arte de magia, él recordó a un familiar que trabaja en la FAP. Le pedí a mi hermana que se comunicara con él. Al inicio, nos comentó que tal vez habría un vuelo en tres días. Horas más tarde nos llamaba para decirnos que se programó de pronto un vuelo para ese mismo día, el cual iba a trasladar a alguien que necesitaba asistencia médica desde mi ciudad. No podía creerlo, solo existe un avión que hace este tipo de viajes de emergencia para todo el Perú, y justo ese día fue programado para salir de mi ciudad a Lima, y yo obtuve el permiso para embarcar. Todo se dio de la manera más perfecta, y esa tarde, pude viajar. Por la noche logré abrazar a mamá lo más fuerte que pude hacerlo jamás, ya estaba con ella.




El ho´oponopono es una técnica ancestral hawaiana de resolución de problemas y de creación consciente. Cuenta la historia antigua de Hawai que fue considerada tradicionalmente como una práctica de reunión de miembros de la familia extendida para "arreglar" las relaciones familiares rotas. Tenían la creencia que cuando una persona enfermaba era causado por estrés, ira, culpa, recriminaciones o falta de perdón, y además pensaban que la curación sólo podía llegar con el PERDÓN TOTAL de toda la familia.

Con Morrnah Simeona se adaptó el tradicional ho´oponopono con el propósito de liberar experiencias negativas y eliminar traumas de los bancos de memoria ya que se quedan grabadas dentro de uno mismo y se reflejan en nuestra vida por la ley de causa y efecto. Esta técnica sirve como limpieza kármica para disolver ataduras y nudos que pueden bloquear tú evolución.


En mi camino de búsqueda infinita y de “despertar”, probé diferentes formas de llegar a “mi verdad”, y cuanto más probaba, más confundida y en un largo camino con muchas trochas me sentía perdida.


Y justo ahora aquí, que llegó el ho´oponopono a mi vida como el mejor bálsamo reparador, siento que por fin, puedo ir entendiendo mis más grandes incógnitas espirituales porque tengo todas las respuestas dentro mío, en cada parte de mi ser. Y puedo integrar todo mi cuerpo y alma con la fuente perfecta junto a todas las memorias de mi árbol, las cuales, hoy reconozco, que tengo la capacidad de borrar, limpiar y perdonar, asumiendo plena responsabilidad de mi vida.

Cuando nos damos cuenta que sólo son nuestros programas los que no nos permiten ver las cosas con claridad, dejamos de culpar a los factores externos y podemos tomar el 100% de la responsabilidad de nuestras vidas, alcanzamos nuestro mejor futuro potencial y así obtenemos el camino más fácil para continuar nuestro trayecto con amor y auto-realización.

"Lo siento, perdóname por aquellas memorias que están en mí que han creado esto".

Desde este lugar nos perdonamos a nosotros mismos. Basta que uno tome la responsabilidad de pedir perdón para que esos recuerdos se borren en uno y en los demás.

Entrégate, Acepta y Permite que la divinidad nos guíe para encontrar la solución perfecta y correcta para nosotros.


Gracias Lidia Esther, mi querida hermana mayor por darme esta llave mágica, por compartir tu fuerza, sabiduría y amor en este momento. Siempre has sido una luz en mi camino, pero esta vez brillas tanto, que me iluminaste la tierra, el cielo y el más allá. Te amo, gracias, gracias, gracias.

Mamá, Papá y hermanos: ¡GRACIAS, LOS AMO!




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