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  • ginavela

Honrando mi árbol desde la raíz hasta sus frutos Amazonía viva late dentro mío

Actualizado: nov 3



me gusta cuando me pego a un gran árbol mayor

y puedo sentir su humedad, su textura, tan áspera, su fuerza,

puedo oler su tiempo viviendo al aire libre rodeado de pura vida

y puedo hacerme UNO con él conectados por el tacto y sus grietas

integrándonos


para mí, esta sensación llega a su estado más estimulante

cuando camino por el monte adentro

y me encuentro con esos seres que lo habitan, llenos de magia.

seres que pueden dejarse sentir tan solo con oler su hábitat hasta con los ojos cerrados

para mí, esto es sólo posible en la selva, en mi selva, en la selva de mis antepasados.



mis raíces son amazónicas

y tuve la suerte de crecer cerca de esa abundante biodiversidad

               recuerdo la emoción contrapuesta de pequeña                          
 por ser la única en la familia que nació en lima
                  poco a poco, la ciudad grande atrapa,                                el sistema y educación que respiras
  día a día en todos los espacios,
                                 te engaña                                                             
             y te puede hacer olvidar tus raíces más profundas,                                     
                         la importancia de tu árbol                                           
  tu propio ADN
te hace pensar que tu historia de nacimiento no pesa, no importa, 
que no te forma, ni fortalece lo que realmente eres 
y te hace vivir en un sueño incierto

constantemente la cabeza fabrica pensamientos y emociones que se contraponen entre ellos, haciendo que mires para afuera queriendo ser cualquiera menos tú mismo sin tomar consciencia del fabuloso conocimiento que trae tu propia genética... y tu propia esencia

por suerte, mis padres, marcaron e intentaron mantener en mi,

el olor a selva fresca en casa...

mi madre con sus desayunos domingueros de cecina con plátano y bocachico frito

haciendo magia en el mercado limeño...

y mi padre con sus interminables cafés matinales acompañados de pijuayo

el color de los aguajes a cualquier hora embadurnados de azúcar...

y las olorosas hormigas mamaco que brillaban en la refri e invadían con su aroma

todos los espacios

según mi mamá altamente nutritivas...

mis visitas a Lamas, el pueblo natal de mis padres, y de mis abuelos,

y de los padres de mis abuelos,

se repetían cada año, en vacaciones, recuerdos que alimentaron mi crecimiento

y mi olfato a amazonía...

mi mente registra perfectamente esos días..

traviesos, mi primo y yo corríamos por la chacra de mi tío

y al subirnos al árbol de carambola

tuvimos que bajar corriendo, llenos de hormigas "pukacuro",

mordiéndonos el cuerpo entero, y nosotros gritando y corriendo sin parar…

jugando a ser artista con el barro

esculpiendo la cordillera de los andes en una maqueta para el cole

con mi madre

tierra convertida en arte con nuestras manos,

sacada de la chacra de mi abuela

cómo me rompí la cabeza al caer de la super hamaca en la que sentía que volaba

empujada por mi tribu de niños, jugando descarriados,

jugando y disfrutando de la "shica shica",

pequeño coco diminuto que se rompe con una piedra,

pero que al ser tan pequeño se escapa en cada intento

todo un ritual

para comerlo en 3 segundos

y de lo más surreal y mágico

todos, en las calles de Lamas, se saludan con una sonrisa

por todas estas memorias y más ahora disfruto y comparto y puedo sentir plenamente mi conjunción de selvas y savias que estimulan mi mente y logran ese efecto en mi química corporal que late e irradia mi estado vital en el planeta tierra

en este mi viaje y ahora vuelvo y me pregunto… ¿que más hay aquí, dentro de mi?


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